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martes, 24 de mayo de 2011

La historia pretende repetirse.

Mientras libia llora de dolor y de rabia, otros teclean ciento cuarenta caracteres para  destilar su odio contra un pueblo víctima de la maquinaria militar más sofisticada de todos los tiempos.

Hay quien pierde oportunidad de dejar sus dedos en reposo y ante la información al instante de prolongados e intensos bombardeos sobre Trípoli; lanza a la red: ¨@rolandoteleSUR Gadafhi-Fuera- por cobardía se hace rodear x civiles y viejias. Aviones OTAN no tienen puntería… ¨

Parece escribir un fans de la OTAN, decepcionado al  no ver más sangre derramada.



Por suerte siempre abunda la palabra inteligente entre quienes utilizan el twitter como vía de comunicación e información y aspiran al menos desde la palabra paz y no sangre para Libia.



Hay que sentir un desprecio enorme  por  pueblo libio y  la dignidad humana, o ser de motu proprio ignorante para  imaginar que quienes,  día a día,  están dispuestos a  defender apenas con sus propios cuerpos infraestructuras de telecomunicaciones o la propia residencia oficial del coronel Gaddafi,  lo hacen empujados por el antojo o la cobardía de un líder.

Muchos desconocen al pueblo libio y su tradición de resistencia.  Hace apenas 100 años, cuando la población de la actual Libia apenas llegaba a las ochocientas mil personas, uno de cada ocho libios murió por defender la libertad y la independencia de su país. 

El genocidio comenzó en octubre de 1911; con el mismo pretexto de proteger civiles y pacificar el país. 

No había pasado un mes del  desembarco  de los colonizadores italianos  en  la provincia otomana de Tripolitania, cuando el teniente Giulio Gavotti decidió lanzar desde su avión una bomba sobre  fuerzas del imperio turco otomano estacionadas en el desierto.

Era el primer  ataque aéreo de la historia, aún sin la capacidad de destrucción y muerte con que hoy los sofisticados aviones de la OTAN vuelven a intentar arrodillar a los libios. 



Tal fue la resistencia a  la ocupación militar de 1911 a 1943, que los colonizadores italianos no escatimaron en experimentar nuevas formas de genocidio moderno.

Además del triste record de los primeros ejercicios con armas biológicas, trece campos de concentración intentaron mediante el exterminio, impedir a  la población civil su apoyo a las  fuerzas leales a Omar al Mukhtar, el  líder de la lucha por la liberación libia. 

Al Mukhtar, se había ganado el sobrenombre del León del Desierto, luego de veinte años al frente de la resistencia beduina contra el colonialismo italiano.

Escuadrones fascistas italianos arrestan al anciano líder  el 11 de septiembre de 1931 y  le toman una foto encadenado pocos días antes de ahorcarlo. 



¨Sobreviviré a mis verdugos¨ fueron las últimas palabras de Omar al Mukhtar ante sus captores. 

El espíritu de Al Mukhtar parece emanar con la misma fuerza con que estallan cada una de las cerca de 20  explosiones que sacudieron a Trípoli durante el ataque esta madrugada, según autoridades libias,  a ¨ un cuartel de la Guardia Popular"  y de unidades de voluntarios en apoyo al ejército. 

La OTAN reconoció inmediatamente su barbarie diciendo que sus cazas ¨atacan con precisión y cuidado para minimizar el riesgo de daños colaterales al máximo posible¨. 

Para uno de los comandantes agresores, el canadiense  Charles Bouchard  ¨las fuerzas de Gaddafi todavía representan una amenaza a los civiles y continuaremos atacando objetivos que perpetran esta violencia¨

Sin embargo,  cuando las  bombas ¨humanitarias¨ sacuden una y otra vez  el terreno una densa nube de humo y polvo cubre un amplísimo sector de la ciudad, con un olor muy peculiar parecido a la pólvora,  muchas personas están en  las calles en señal de desespero, sobre todo madres intentando proteger a sus hijos de los fuertes estremecimientos. 



Durante los más de 20 minutos de bombardeos,  los más  prolongados e intensos de los últimos dos meses, salen otros tantos a las calles a mostrar su pecho y su voz, como únicas armas contra un poderoso enemigo que lanza sus bombas a distancia.

Ante el peligro de nuevas incursiones, la autoridades libias impiden a los corresponsales extranjeros verificar in situ la magnitud de los ataques, pero facilitan el acceso al hospital a donde están siendo trasladadas las víctimas.  


La calle está llena de autos intentando socorrer a las víctimas, mientras Moussa Ibrahim portavoz del gobierno asegura que ¨la  mayoría de las víctimas son civiles que viven cerca del lugar¨.

Frente a los cuerpos de las tres personas asesinadas por la OTAN y más de ciento cincuenta  heridos en el hospital la gente grita: "Allah, Ghadafi y solo Libia¨.



Estados Unidos y la OTAN tardan en reconocer que lejos de alejar a la gente de su líder están haciendo el efecto del imán. 

 La historia caprichosa y cruel intenta volver a repetirse.

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